COPUCI 2015: Seguir construyendo

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Mesa de cierre, con representantes de diversas instituciones vinculadas a la comunicación de la ciencia.

Como si se tratase de entregar un parcial domiciliario, resulta que al pasar los días desde que terminó el último COPUCI se incrementó la presión sobre mí para darle un cierre con un comentario inteligente.

Espero no tener que defraudar a nadie, por lo que si alguno esperaba algo parecido, debo honestamente sugerir que interrumpa ya mismo esta lectura.
Al que quiera en cambio acompañarme con un comentario sincero pero no demasiado novedoso, cumplo en informarle que:
Para muchos de nosotros el Congreso fue una forma de conocer otra ciudad y por ello, ¡viva el turismo académico!
Hablando en serio, sigo percibiendo en este evento una posibilidad de encontrarme con gente interesada en una temática que requiere aún mucho trabajo y visibilidad.

en Paraná 2015 (152)
Una de las mesas del último día, en donde se debatió sobre la relación entre la ciencia y los movimientos sociales.

También hay gente que va a buscar el certificado (allá ellos); pero para mi, que casi no tengo en mi cotidianidad espacio de discusión o producción abierto a estos temas, el congreso es siempre un insumo para seguir pensando, escribiendo y compartiendo.
Estimo que gracias a este congreso pude volcar mis primeras y constantes reflexiones en torno a lo que significa comunicar la ciencia y las posibles formas de abordar semejante tarea. No olvido que soy planificadora y por ende mi interés en los procesos comunicacionales forman parte ineludible de mi tarea académica. Sé que en estos años llegué a estudiar y sistematizar algunas propuestas teóricas a las que bombardeo cada año contrastándolas con una práctica diferente con el firme propósito de vulnerarlas. Es lo que debe hacerse: no me sirven las estructuras si no protegen ni sostienen nada, pero insisto en que hablar de «comunicación de la ciencia» para definir propuestas que suceden de forma tan diversa en tiempo, cultura y lugar puede ser engañoso y requiere un cuidado por parte de los especialistas para no repetir fórmulas ni meter tantos gatos en la misma bolsa.
Reconozco el valor que tiene un evento que finaliza con una asamblea abierta a todos los participantes y en la que se hace un primer balance inmediato sobre lo ocurrido. No me parece menor este dato: incluso cuando uno no se sienta con capacidad de aportar, es un espacio que ayuda a las próximas reuniones de un evento que difícilmente tenga parangón.
Sé que pronto tendremos novedades respecto de dónde será el próximo congreso, al que probablemente tengamos que llamar CoooPuCi, pero está en manos de los organizadores y no mías el confirmarlo.
Sí se ha dicho que hay que trabajar de otra forma, antes, durante y después del congreso. Eso también es importante: mirarse y proponer formatos y reuniones intermedias no es menor para un grupo de profesionales que justamente estudia la ciencia y sus vínculos con la sociedad.
Por esto, insisto en que este es un espacio que merece ser aplaudido, no en el sentido «chovinista», sino en el que aplaude para hacer ruido.
Me debo aún otras formas participación y haré lo posible para concretar alguna en el próximo encuentro. Pocas cosas harían que no asistiera, y en este momento son más las ganas de seguir construyendo.